GLACIAR LATENTE

Acumular, presionar, transformarse

No pinto glaciares.
Trabajo sobre su condición.

Un glaciar no es una forma fija. Es acumulación, presión, desplazamiento. Un cuerpo que parece estable, pero está en transformación constante.

Esa inestabilidad es el punto de partida.
La pintura se organiza desde ahí.

No hay dibujo previo. No hay imagen a representar. La forma no se define de antemano. Aparece a partir de la superposición, de la densidad, de la tensión entre capas.

El material no cubre.
Filtra.
La superficie no contiene.
Deja pasar.
La luz no se aplica.
Atraviesa.

En ese sistema, la pintura deja de funcionar como imagen y pasa a comportarse como un cuerpo. Algo que tiene espesor, que responde a la luz, que cambia según el entorno.

La obra no es la misma en todos los momentos.
Se modifica.

Y en esa modificación aparece una temporalidad distinta. No la del instante, sino la del proceso. La de algo que se forma lentamente y también se pierde.

Glaciar Latente no busca representar un paisaje.
Trabaja sobre una experiencia.

Una experiencia de inestabilidad.

De algo que parece sólido, pero está en movimiento. De algo que se sostiene, pero al mismo tiempo se transforma.

En ese punto, la pintura deja de fijar.
Empieza a comportarse como un sistema abierto.

Un campo donde la materia, la luz y el tiempo operan al mismo nivel.

Sin jerarquías.
Sin cierre.
En transformación constante.